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Por el senador estadounidense Marco Rubio (R-FL) 
22 de enero del 2021 
CiberCuba
 
La terrible naturaleza del régimen comunista en Cuba es bien conocida. Por décadas la dictadura ha aterrorizado a su propia gente, asesinado a disidentes, encarcelando tanto a artistas como a activistas y fomentado el caos en el hemisferio occidental al brindarles apoyo tanto a regímenes autoritarios como a movimientos terroristas de guerrilla. La pregunta clave a la que se enfrenta cualquier administración de EE.UU. es cómo responder a un régimen tan brutal.
 
Durante su mandato, el presidente Trump y su administración impulsaron políticas que apoyaron al pueblo cubano al responsabilizar al régimen de Castro y Díaz-Canel por décadas de represión. Esa política marcó un cambio muy necesario con respecto a la política débil de la era Obama, la cual el presidente Joe Biden y muchos de sus asesores más cercanos supervisaron, apoyaron y aplaudieron. 
 
Ahora, el presidente Biden debe decidir si continuará con la política de la era Trump debe decidir si ponerse del lado del pueblo cubano o otorgarle al régimen de La Habana legitimidad internacional a sus expensas. 
 
Los primeros anuncios de personal de Biden sugieren que le dará prioridad al apaciguamiento del régimen, y obtendremos indicios al respecto muy temprano en la nueva administración.
 
Biden enfrentará una intensa presión por parte de los simpatizantes del régimen, quienes abogarán por que se use la próxima Cumbre de las Américas para señalizar un reinicio en las relaciones con La Habana invitando al régimen cubano a EE.UU. para ese evento. Bajo ninguna circunstancia se le debe otorgar al régimen de Castro y Díaz-Canel una victoria de relaciones públicas tan grande.
 
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Para el equipo de Biden, el ‘acercamiento’ también requerirá minimizar constantemente la amenaza a la seguridad nacional que representa La Habana. Las alianzas del régimen cubano con los principales líderes autoritarios del mundo y los peores violadores de DD.HH.: Xi en China, Putin en Rusia, los Mullahs en Irán, Kim en Corea del Norte, los Ortega en Nicaragua y Maduro en Venezuela, hablan por sí mismos. Esos vínculos también representan una amenaza directa a nuestra seguridad nacional debido a los acuerdos de armas y la proximidad geográfica de Cuba a EE.UU., la cual es usada para recopilar inteligencia.
 
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La dictadura cubana ha apoyado, en repetidas ocasiones, y les ha brindado refugio a Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTO, por sus siglas en inglés) designadas por el Departamento de Estado. Esto incluye a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y al Ejército de Liberación Nacional (ELN), el cual el año pasado cometió un atentado suicida en Bogotá, Colombia contra la Academia Nacional de Policía. Ese apoyo flagrante de La Habana a organizaciones terroristas resultó en que la administración Trump volviese a nombrar formalmente a Cuba como un patrocinador estatal del terrorismo. Una designación que el presidente Biden no debería cambiar bajo ninguna circunstancia.
 
No hay ninguna razón para engañarnos creyendo que el ‘acercamiento’ con La Habana haga que cambien sus costumbres. Tampoco hay razón para pensar que el régimen abandonará repentinamente su largo historial de represión a sus opositores políticos, a miembros de la prensa, su esquema de trata de personas y la violacion a los derechos humanos dentro de la isla.
 
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El régimen de Castro y Díaz-Canel está involucrado en una brutal represión contra el Movimiento San Isidro, un grupo de artistas, académicos y otros que participan en protestas pacíficas contra el régimen. Y, por supuesto, queda claro que no se puede garantizar la seguridad de nuestros diplomáticos en la isla. En violación de las obligaciones de los tratados internacionales, ellos fueron blanco de ataques energéticos directos y sufrieron lesiones cerebrales. Las negaciones de La Habana desafían toda creencia.
 
El presidente Biden y su equipo deben tomar una postura. Durante su audiencia de confirmación, el nominado a ser Secretario de Estado, Tony Blinken, sugirió que consultaría con el senado de EE.UU. frecuentemente sobre estos temas. Espero sinceramente que realmente cumpla esa promesa. Porque en la actualidad, parece que la administración Biden terminará en el lado equivocado de la historia y el pueblo cubano sufrirá aún más como resultado de ese error histórico.
 
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