Sala de Prensa

El pueblo de Bolivia rechazó al autócrata de Evo Morales

Por el senador estadounidense Marco Rubio

19 de Noviembre de 2019

El Nuevo Herald

 

Durante las últimas tres semanas, el mundo ha visto cómo el pueblo boliviano rechazó a Evo Morales, un posible autócrata que en un intento desesperado por aferrarse al poder, se burló de las instituciones políticas de su país. La decisión de Morales de huir de Bolivia, país el cual no soportó perder, debería ser celebrada por todos aquellos que defienden el estado de derecho en nuestro hemisferio.

En específico, los estadounidenses tenemos un interés en garantizar que los procesos electorales en la región sean libres y estables. Las sociedades prósperas y democráticas son, por supuesto, mejores para quienes viven en ellas. Pero también son mejores para EEUU y demás países en la región pues nos expone a menos efectos secundarios y ofreciendo relaciones más estables en temas económicos y de seguridad. También son menos vulnerables a la injerencia extranjera de países como China y Rusia.

Tras no poder manipular las recientes elecciones a su preferencia, Morales se ha quejado —de forma previsible— que es víctima de un golpe de estado. Es la misma estrategia utilizada por los regímenes en Cuba, Nicaragua y Venezuela para excusar sus propios fracasos políticos y electorales. Pero los hechos no son ambiguos a la realidad: Morales intentó y fracasó en revocar un proceso electoral democrático, y ahora el pueblo boliviano está defendiendo su democracia. 

La irónica decisión de Morales de elegir una economía libre como su nuevo hogar, en vez de irse a donde uno de sus aliados socialistas en La Habana, Managua o Caracas, debe ser tomada en cuenta. 

El pueblo boliviano debe ser aplaudido por rechazar la táctica antidemocrática de Morales. Si bien aún no están claros los próximos pasos en Bolivia, la tenacidad de su pueblo predice un futuro más brillante para el país y sus esperanzas de volver al orden democrático. Como estadounidenses, debemos advocar por el retorno de unas elecciones libres y justas en Bolivia, así como un Tribunal Supremo Electoral independiente. Al restaurar el proceso democrático en Bolivia, y garantizando que se mantenga en otros estados miembros de la OEA, se emprenderá el camino para que se normalicen las relaciones bilaterales entre nuestras naciones. En particular, mejorará la cooperación mutua en temas contra el narcotráfico, un problema que las élites corruptas del país han explotado históricamente. 

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