Sala de Prensa

Pekín es la mayor amenaza a la que se enfrenta EE.UU. y Biden se duerme al volante
El senador estadounidense Marco Rubio (R-FL) 
4 de agosto del 2022 
Diario Las Américas 
 
“Pekín Biden” empieza a sonar como un apodo apropiado.
 
No, no me refiero a Hunter, sino al propio “jefe”.
 
El presidente Joe Biden adoptó un tono duro con China durante su primer discurso ante el Congreso. Sacando pecho, Biden presumió que le dijo al dictador marxista de China que EE.UU. “defenderá los intereses de EE.UU. en todos los ámbitos”. Pero 15 meses después, queda cada vez más claro que las políticas del presidente están ayudando a Beijing mucho más que a Scranton, incluso cuando China amenaza al presidente de la Cámara de Representantes de EE.UU. con la fuerza militar.
 
Basta con mirar lo que está sucediendo esta semana.
 
Con la bendición de Biden, los demócratas en el senado de EE.UU. votarán para otorgar exenciones fiscales masivas a baterías eléctricas, paneles solares y turbinas eólicas fabricadas en China. Los impuestos son parte de la llamada “Ley de Reducción de la Inflación” de los demócratas, un despilfarro de 725 páginas que aumentará los impuestos en cientos de miles de millones de dólares en medio de una recesión que ellos mismos crearon.
 
También “recargará” el Green New Deal de la administración Biden con $369 mil millones de dólares de impuestos de los contribuyentes de EE.UU. Aparentemente, “descarbonizar todos los sectores de la economía” es costoso.
 
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En otras palabras, los demócratas creen que EE.UU. no puede volverse eco-responsable sin Pekín. Y el dominio de China en estas industrias claves significa que las empresas chinas, no las empresas americanas, se beneficiarán de los nuevos incentivos. Además, el plan en realidad aumenta los impuestos a los fabricantes estadounidenses en más de $150 mil millones de dólares.
 
¿Por qué el presidente Biden haría esto?
 
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Pero esto no se trata de "la ciencia". Se ha convertido en parte de la religión marxista de la izquierda estadounidense moderna, al igual que el uso de triple mascarillas y la promulgación de cirugías transgénero para adolescentes.
 
Tampoco es la primera vez que vemos a Biden anteponer las prioridades climáticas sobre los intereses económicos y de seguridad nacional de EE.UU. En el otoño pasado, la Administración Biden presionó discretamente en contra de mi proyecto de ley para prohibir la importación de productos fabricados con la mano de obra esclava de inocentes en China.
 
Los estadounidenses nunca deberían beneficiarse del trabajo forzado de otros. Es inmoral y antiamericano. Es por eso que lideré el esfuerzo para evitar que el Partido Comunista Chino (PCCh) utilice mano de obra esclava para atraer industrias y empleos fuera de EE.UU.
 
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Pasaron meses de vergüenza pública antes que el presidente Biden finalmente señalara que promulgaría mi proyecto de ley. Pero la única razón por la que la vergüenza pública funcionó fue porque estábamos tratando con personas que literalmente son esclavos de Pekín. Cuando se trata de intereses corporativos, geopolítica y alarmismo climático, Joe Biden no tiene vergüenza.
 
La semana pasada, el Congreso aprobó un proyecto de ley de $280 mil millones supuestamente destinados a contrarrestar los crecientes avances tecnológicos de China. El principal interés de las corporaciones estadounidenses eran los miles de millones en subsidios para aumentar la producción de semiconductores aquí en EE.UU. Ese es un objetivo que apoyo, pero el proyecto de ley en sí estaba plagado de lagunas que beneficiarán a China.
 
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Además, esta nueva legislación no hace nada para acabar con el espionaje de China y el robo de propiedad intelectual por parte de Pekín en EE.UU. De hecho, el proyecto de ley permite que sigan existiendo lagunas para que las empresas chinas puedan recoger legalmente los productos de esta nueva inversión de los contribuyentes.
 
Pekín es la mayor amenaza que enfrenta EE.UU., y Biden está dormido al volante. Ya sea por debilidad, incompetencia, prioridades fuera de lugar o todo lo anterior, EE.UU. está perdiendo. El dinero de sus impuestos va a Pekín, el mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo. 
 
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